El mito de la innovación

Preámbulo

Mi buen amigo Fran Rojo siempre dice que los post deben ser breves y directos y de esto sabe un rato. Así que mi gozo en el pozo a la hora de redactar uno que aborde el mito de la Innovación. No voy a renunciar a ello pero, evidentemente, tendré que fraccionarlo en distintas entregas como si de una telenovela de Luis Alberto y Sheila Susana se tratara. Pero, qué se le va a hacer…

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El Mito de la Innovación (I)

El Prólogo Observador

No sé si ustedes serán de esos que disfrutan paseando por las librerías, ojeando aquí y allá para acabar llevándose a casa el libro que buscaba más otros cinco o seis que le han mirado desde los estantes con lomos compungidos y aires de huérfanos literarios. Desgraciadamente para mi economía, yo soy un auténtico adicto y puedo asegurarles que, en los últimos cinco años, he conseguido adoptar tres o cuatro huérfanos de las estanterías de Economía y, más concretamente, relacionados con un tema específico, la Innovación. En otras palabras, de Innovación se escribe poco y mal aunque quizás esto último es excesivamente radical, podría  ser más preciso decir que lo que se escribe al respecto es “vago”. Esta sequía no deja de ser curiosa si nos atenemos al éxito mediático del término. Pero indica la vacuidad de un fenómeno que quizás no vaya más allá de una moda.

Cuando algo es utilizado con reiteración abusiva por los políticos comience a desconfiar sobre su existencia como realidad palpable

No soy excesivamente aficionado a la normalización de sistemas y certificaciones aunque he de reconocer que es un negocio tan honrado como el de panadero o jardinero. En cualquier caso, si existe una certificación, debe haber por lo menos una operativa, un protocolo, un procedimiento, es decir, una costumbre de hacer algo con cierta asiduidad. Esto no ocurre en el caso de la Innovación por mucho que algunos se empeñen en elevar a categoría de certificación las 166.000 menudencias metafísicas para la hoguera de las vanidades.

Cuando algo es utilizado con reiteración abusiva por los políticos comience a desconfiar sobre su existencia como realidad palpable y sonante. En el caso del término Innovación, el verbo no es “abusar”, sino más bien “aburrir” con una cantinela inacabable elevada a la categoría de “la solución a todos los males”. En otras palabras, la Innovación ha pasado a ser algo así como “la Lourdes” de la economía española.

Ahora que la incertidumbre y el pesar nos invade por la pérdida de nuestros sueños de grandeza, la Innovación ha desaparecido de los medios, corrillos tertulianos y púlpitos políticos, no vaya a ser que alguien se tome en serio aquello del remedio a todos los males y se le ocurra convertir a Villaconejos en Capital Mundial de la Innovación.

Conclusión

¿Existe realmente la Innovación?

Hasta aquí esta primera entrega y, no se preocupen, no me he vuelto loco. La explicación en la próxima entrega.

2 Comments to El mito de la innovación

  1. Eva del Pozo's Gravatar Eva del Pozo
    4 noviembre 2009 at 17:49 | Permalink

    Me ha encantado la web y el blog. Enhorabuena, espero con impaciencia la segunda entrega…

  2. Pedro M. Simón's Gravatar Pedro M. Simón
    20 noviembre 2009 at 17:28 | Permalink

    Espero con ansia esa respuesta…

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